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No necesitas un micrófono para cambiar el mundo

Predicar no es solo hablar desde un púlpito. Jesús nos llamó a ser sal y luz, a reflejar su amor en lo cotidiano. No necesitas una plataforma para cumplir tu misión; solo un corazón dispuesto a brillar donde estés.


Manos sosteniendo una bombilla que simboliza la luz interior y el llamado de Dios a brillar en el mundo.

13 »Déjenme decirles por qué están aquí. Están aquí para ser la sal que hace perceptibles los sabores divinos en esta tierra. Si pierden su sal, ¿cómo saboreará la gente lo divino? Habrán perdido su utilidad y terminarán en la basura.

14-16 »Hay otra forma de expresar eso: Están aquí para ser la luz que hace percibir los colores de Dios en el mundo. Dios no es un secreto que hay que guardar. Vamos a hacerlo público, tanto como una ciudad sobre una colina. Si los hago portadores de luz, no piensen que los voy a esconder bajo una caja, ¿les parece? Los voy a poner en un pedestal. Así que ahora, que los he puesto allí —sobre una colina, en un soporte de luz—: ¡brillen! Mantengan la casa abierta; sean generosos con su vida. Si se muestran accesibles a los demás, los motivarán a acercarse a Dios, el generoso Padre celestial.

—Mateo 5:13-16 Biblia El Mensaje


Muchos piensan que solo los que están sobre una plataforma tienen la responsabilidad de predicar el Evangelio. Pero Jesús nunca habló de micrófonos ni de luces de escenario. Él habló de ser la sal que da sabor y la luz que revela los colores de Dios en el mundo.

Predicar es mucho más que hablar. Es vivir de tal manera que otros puedan ver a Dios a través de nuestras acciones, de nuestra forma de perdonar, de servir y de amar. Cada conversación, cada gesto de bondad, cada momento en que elegimos el bien por encima de lo fácil, estamos predicando sin palabras.

     A veces cuesta. Hay días en los que sentimos que nuestra luz se apaga, que nadie nota lo que hacemos o que el cansancio pesa más que la fe. Hay momentos en los que fallamos, en los que no somos el mejor ejemplo. Pero Dios no nos descarta. Él vuelve a encender nuestra luz y nos recuerda que todavía somos parte de su plan.

     Dios no busca protagonistas, busca portadores. No busca discursos, busca corazones que iluminen. Cada día nos da la oportunidad de encontrarnos con personas que necesitan una palabra, una sonrisa o una mano extendida.

     No te desanimes si nadie te aplaude. El cielo sí te ve. El Reino no crece solo desde los púlpitos, crece desde las cocinas, las oficinas, los talleres, las escuelas y los hospitales… donde hijos e hijas de Dios viven su fe sin micrófonos pero con poder.

     Jesús dijo: “¡Brillen!” No dijo “hablen más fuerte”. Brillar es dejar que su amor sea visible en lo cotidiano. Tu vida puede ser el mensaje que cambie el rumbo de alguien más.

Aplicación práctica:

  1. Reaviva tu propósito: recordá que estás donde Dios te necesita; tu entorno es tu campo misionero.

  2. Perseverá aun sin aplausos: los frutos no siempre se ven, pero el cielo los cuenta.

  3. Sé coherente: tus acciones predican más alto que cualquier sermón.

  4. Compartí esperanza: un pequeño gesto puede ser la chispa que encienda la fe de otro.


Oración:

Señor, gracias por confiar en mí aunque no sea perfecto. Ayúdame a entender que cada día tengo un púlpito frente a mí: mi familia, mi trabajo, mis amigos. Que mi vida sea un mensaje vivo de tu amor. Cuando me canse, recordame que no camino solo. Aviva mi luz para que ilumine donde haya oscuridad. En el nombre de Jesús, amén.


El mundo no necesita más micrófonos encendidos, necesita más vidas que brillen.



Sergio Daldi

Sergio Daldi

CEO & Presidente 

Grupo Nivel Uno / Casa Creacion




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Biblia El Mensaje

2 comentarios

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Invitado
hace 3 días
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Hermosa reflexión. Tenemos que ser esos embajadores de Cristo en este tiempo. Bendiciones

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Sergio Daldi
Sergio Daldi
hace un día
Contestando a

Muchas gracias por su comentario. Tenga la libertad de compartir esta reflexión con mas personas. Mil bendiciones. Sergio Daldi

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