Empieza a ver lo que Dios puede hacer
- Sergio Daldi
- hace 3 días
- 4 Min. de lectura
A veces preguntamos “¿por qué pasó esto?”, pero Jesús nos propone algo más grande: “¿qué quiere hacer Dios ahora?”. Este milagro no fue solo una sanidad, fue una invitación a cambiar nuestra forma de mirar el presente y el futuro.

1-2 Al caminar por una calle, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:
—Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?
3-5 Jesús respondió:
—La pregunta que están haciendo no es correcta. Están buscando a alguien a quien culpar. Esto no se trata de causa y efecto. Al contrario, piensen en lo que Dios puede hacer. Necesitamos laborar enérgicamente para aquel que me envió aquí, trabajar mientras el sol brilla. Cuando cae la noche, la jornada laboral termina. Pero, mientras yo permanezca en este mundo, la luz abundará. Yo soy la luz del mundo.
6-7 Habiendo dicho esto, escupió en el polvo, hizo una mezcla de arcilla con su saliva, frotó los ojos del ciego con ella y le ordenó:
—Ve a lavarte en el estanque de Siloé.
(Siloé significa «enviado»). El hombre fue y se lavó, y recibió la vista.
—Juan 9:1-7 Biblia El Mensaje
Después de unos días de descanso por el cierre de un año 2025 tan bendecido, y ya inmersos en los primeros días de trabajo de este nuevo 2026 —con planificación, metas, proyectos editoriales, reuniones, decisiones y sueños por delante— volvemos a sentarnos juntos alrededor de la Palabra. Y no es casualidad que Dios nos reciba con este pasaje.
Hoy queremos acompañar este tiempo con una obra clásica que expresa visualmente este momento del Evangelio: Cristo sanando a los ciegos, del pintor Nicolas Poussin (1650). En la escena vemos a Jesús en el centro, extendiendo su mano con autoridad y compasión, mientras a su alrededor hay movimiento, asombro y expectativa. No es solo una pintura histórica: es una invitación a detenernos, mirar con atención y dejarnos tocar por la luz de Cristo.
Porque este relato nos toca a todos.
Los discípulos hacen una pregunta que nos representa muy bien. No son malos. Son sinceros. Son humanos. Y nosotros muchas veces hacemos exactamente lo mismo: buscamos explicaciones, buscamos responsables, buscamos causas.
Cuando algo no sale como esperábamos, cuando hay dolor, pérdida, frustración o atraso, lo primero que suele aparecer en nuestro corazón es:
¿Quién falló?
¿Quién se equivocó?
¿De quién es la culpa?
Y si somos realmente honestos delante de Dios, tenemos que reconocer algo: muchas veces lo hacemos para sentir que tenemos control. Porque si encontramos al “culpable”, sentimos que entendimos el problema. Pero Jesús no entra en ese juego.
Él nos frena con amor y nos dice, en otras palabras: esa no es la pregunta correcta.
Jesús no ignora el sufrimiento del hombre ciego. No minimiza su historia. Pero tampoco queda atrapado en el pasado. Él levanta la mirada y nos enseña a mirar distinto. Nos invita a dejar de girar alrededor del “por qué” y empezar a movernos hacia el “para qué”.
Y eso nos confronta profundamente, porque muchas veces vivimos mirando hacia atrás: errores, fracasos, decisiones mal tomadas, heridas que todavía duelen. Jesús, en cambio, nos toma del corazón y nos dice: mira lo que Dios puede hacer ahora.
Después viene otra frase que sacude: hay que trabajar mientras hay luz. No es tiempo de teorías. No es tiempo de discusiones interminables. No es tiempo de quedarnos paralizados esperando condiciones perfectas. Es tiempo de obedecer, de amar, de servir, de avanzar, de dar pasos aunque no tengamos todo resuelto.
Este nuevo año no fue diseñado para que seamos espectadores espirituales. Fue diseñado para que caminemos con Dios, para que seamos parte de lo que Él está haciendo.
Y entonces Jesús declara algo que atraviesa todo el pasaje:
“Yo soy la luz del mundo”.
No es solo una frase bonita. Es una revelación. Porque el milagro no empieza en los ojos del ciego. Empieza cuando Cristo se acerca. Cuando la Luz entra, todo cambia. Cambia la forma de mirar, cambia la forma de interpretar la vida, cambia la manera de enfrentar el futuro.
Y eso es exactamente lo que Jesús quiere hacer con nosotros hoy: no solo sanar situaciones, sino sanar nuestra manera de ver.
Empieza a ver lo que Dios puede hacer.
Aplicación práctica:
Esta semana no te propongas hacer cosas enormes. Decide mirar distinto y moverte distinto.
Primero, cuando algo no salga como esperabas, detente un momento y cambia la pregunta. En vez de decir “¿por qué pasó esto?”, di: “Señor, ¿qué quieres hacer ahora en medio de esto?”. Ese simple cambio abre el corazón a la fe.
Segundo, elige una acción concreta de obediencia. Algo pequeño pero real: llamar a alguien que necesitaba ánimo, perdonar una herida que venías postergando, dar un paso que sabés que Dios te viene pidiendo hace tiempo. La luz de Cristo siempre nos impulsa a avanzar.
Tercero, comienza cada día declarando quién guía tu mirada. Antes de entrar en el ritmo del trabajo, los problemas o las responsabilidades, di en voz baja o en tu corazón: “Jesús, hoy eres mi luz. Ayúdame a ver como tú ves”. Eso cambia el tono del día.
Oración:
Señor, venimos delante de ti con un corazón sincero. Reconocemos que tenemos errores visibles y otros que aún no logramos ver. Te pedimos que nos formes cada día y transformes nuestro interior. Abre nuestros ojos para dejar de enfocarnos solo en los problemas y comenzar a ver lo que tú puedes hacer. Guíanos con tu luz en este nuevo tiempo. Amén.
Cuando dejamos de mirar el pasado con culpa, comenzamos a ver el futuro con esperanza.

Sergio Daldi
CEO & Presidente
Grupo Nivel Uno / Casa Creacion
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Biblia El Mensaje





Gracias!!! Este mensaje tocó en lo profundo. Estamos con mi esposa atravesando un tiempo difícil, en lo económico, y venía preguntando porqué?? Sintiéndome el culpable de malas decisiones.
Pero no había visto "el para qué? Y menos aún "lo que el Señor puede hacer en medio de nuestra situación".
Gracias, bendiciones