Dios no se rinde con vos
- Sergio Daldi
- hace 1 hora
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Cuando te cansás, fallás o sentís que tu alma se apaga, Dios no retrocede. No se rinde, no se aleja y no se cansa de ir detrás tuyo. Este devocional —basado en Salmo 103— te recuerda la verdad que sostiene tu fe: Dios sigue obrando incluso cuando vos te sentís quebrado.

1-2 Oh, alma mía, bendice a Dios. ¡De la cabeza a los pies, bendeciré su santo nombre! Oh, alma mía, alaba a Dios, ¡no olvides ni una sola bendición!
3-5 Él perdona cada uno de tus pecados. Sana tus enfermedades, todas. Te redime del infierno, ¡te salva la vida! Te corona de amor y misericordia; con una corona celestial. Te envuelve en bondad, belleza eterna. Renueva tu juventud: siempre eres joven en su presencia.
6-18 Dios hace que todo salga bien; salva a los oprimidos. Mostró a Moisés cómo trabajaba, le reveló sus planes a todo Israel. Dios es pura misericordia y gracia; no se enoja fácilmente, es rico en amor.
No regaña ni reprende eternamente, ni guarda rencor para siempre. No nos trata como merecemos, según nuestros pecados, ni nos devuelve todo lo malo que hemos hecho.
Tan alto como el cielo está sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que le temen.
Y tan lejos como el amanecer está de la puesta del sol, nos ha separado de nuestros pecados.
Como sienten los padres por sus hijos, así siente Dios por los que le temen.
Nos conoce por dentro y por fuera, tiene presente que estamos hechos de barro.
Los seres humanos no viven mucho tiempo; como las flores silvestres, brotan y florecen, pero una tormenta las destruye con la misma rapidez, sin dejar nada que demuestre que estuvieron aquí.
El amor de Dios, sin embargo, está siempre y para siempre, eternamente presente para todos los que le temen, y hace que todo vaya bien para ellos y para sus hijos si siguen los caminos de su pacto y se acuerdan de obedecer sus mandamientos.
19-22 Dios ha establecido su trono en el cielo; reina sobre todos nosotros. ¡Él es el Rey!
Así que alaben a Dios, ustedes los ángeles, listos para volar cuando lo ordene, prontos para escuchar y hacer lo que él dice.
Alaben a Dios, ejércitos angelicales, alertas para cumplir su voluntad.
Bendigan a Dios, criaturas todas, dondequiera que estén, y todo lo que Dios ha creado.
Y tú, alma mía, ¡bendice a Dios!
Hay momentos en los que sentimos que nuestra vida espiritual se nos cae de las manos. Intentamos avanzar, pero fallamos. Queremos mantenernos firmes, pero algo dentro se desgasta. A veces sentimos que nuestra alma se apaga de a poco y empezamos a creer que Dios ya debe estar cansado de nosotros. Es en esos momentos cuando más necesitamos escuchar lo que David le dice a su propia alma: “No olvides ni una sola bendición”. Porque cuando el alma se debilita, lo primero que perdemos no es la fe, sino la memoria espiritual.
Salmo 103 nos recuerda con fuerza que Dios no se rinde con nosotros. Él perdona cada pecado —no algunos, todos— y sana cada herida —no las más visibles, todas. Nos rescata de los lugares más profundos, incluso de aquellos a los que llegamos por decisiones equivocadas. Nos envuelve en amor cuando por dentro nos sentimos desnudos y vulnerables. Renueva nuestra fuerza cuando ya no tenemos nada más para ofrecer.
Podemos agotarnos, pero Él no se agota. Podemos fallar, pero Él no nos paga según nuestros errores. Podemos sentirnos frágiles, como una flor silvestre que se desvanece con el viento, pero Dios nos mira con compasión porque sabe que estamos hechos de barro. Su amor es más alto que el cielo, más grande que nuestra historia, más fiel que nuestras temporadas y más fuerte que nuestras caídas. Mientras nosotros nos preguntamos si podremos seguir, Dios sigue gobernando desde su trono. Mientras sentimos que nos dispersamos, Él sostiene nuestra vida con misericordia. Mientras dudamos, Él permanece firme.
Este Salmo termina con un llamado personal: “Bendecí a Dios otra vez”. Es como si Dios nos dijera: “Volvé. Todavía estás a tiempo. Yo no me rindo con vos”. Aun cuando nuestra alma se cansa, aun cuando nos alejamos, aun cuando nos cuesta creer, Dios sigue acercándose. Él no abandona su obra ni renuncia a su propósito en nuestra vida. Recordá esto: “Dios no se rinde con vos”.
Aplicación práctica
Tomemos un momento hoy para detenernos y hablarle a nuestra alma. Repetí con nosotros: “Dios no se rinde conmigo.”Que esa frase atraviese el cansancio y el ruido interior.
Recordemos también lo que Dios ya hizo en nuestra historia. Busquemos dos momentos donde Él nos sanó, nos sostuvo o nos rescató. Traer a memoria su fidelidad fortalece nuestro espíritu.
Aceptemos nuestra fragilidad sin vergüenza. No es un signo de fracaso, sino el espacio donde Dios muestra su compasión. Él sabe que somos barro y, aun así, nos ama profundamente.
Y finalmente, entreguemos nuevamente nuestra historia en sus manos. Digámosle al Señor: “Tomá mi vida otra vez. Goberná mis pasos. Quiero caminar desde tu misericordia y no desde mis fuerzas.”
Oración
Señor Jesús, gracias porque no te cansás de nosotros. Gracias porque tu amor es más grande que nuestros errores y más fiel que nuestras temporadas. Hoy volvemos a vos: renová nuestra alma, saná nuestras heridas y despertá nuestra fe. Recordanos quiénes somos y recordanos quién sos vos. No te rendiste con nosotros, y hoy elegimos bendecirte desde lo profundo del corazón. Amén.
Aunque estés al límite, Dios no se rinde con vos.

Sergio Daldi
CEO & Presidente
Grupo Nivel Uno / Casa Creacion





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