Cuando la mente se llena de ruido
- Sergio Daldi
- 9 nov
- 4 Min. de lectura
A veces nuestra mente se llena de ruido y no encontramos el botón para bajarle el volumen. Filipenses 4 nos recuerda que el contentamiento no nace de lo que cambia afuera, sino de Jesús sosteniéndonos por dentro, aun en los días más difíciles.

10‑14 Estoy feliz en Dios, mucho más de lo que se imaginan, alegre porque vuelven a preocuparse por mí. No es que hayan dejado de orar y pensar en mí, solo que no tuvieron oportunidad de demostrarlo. En realidad, no tengo la sensación de necesitar nada en lo personal. He aprendido a contentarme en toda circunstancia. Soy tan feliz con poco como con mucho y viceversa. He encontrado la receta para ser feliz con hambre o con saciedad, con las manos llenas o vacías. Tenga lo que tenga, esté donde esté, puedo superarlo todo en Jesús que me hace sentir lo que soy. No quiero decir que su ayuda no haya significado mucho para mí: lo hizo. Fue hermoso que me acompañaran en mi angustia.
15‑17 Ustedes filipenses saben bien, y pueden estar seguros de que nunca olvidaré, que cuando salí por primera vez de Macedonia, aventurándome con el mensaje, ninguna iglesia ayudó con los ingresos y los gastos de esta obra, excepto ustedes. Aun cuando estaba en Tesalónica, ustedes me ayudaron y no solo una, sino dos veces. No es que busque ofrendas,
pero quiero que aprecien la bendición que emana de la generosidad.
18-20 Y ahora lo tengo todo, ¡y sigo recibiendo más! Las ofrendas que enviaron con Epafrodito fueron más que suficientes, como un sacrificio de dulce aroma que se asa en el altar, llenando la atmósfera de fragancia y complaciendo a Dios en gran manera. Pueden estar seguros de que él se ocupará de todo lo que necesiten, pues su generosidad supera incluso la de ustedes en la gloria que brota de Jesús. Nuestro Dios y Padre abunda en gloria que se derrama hasta la eternidad. Amén.
21-22 Saluden de nuestra parte a cada seguidor de Jesús que encuentren. Nuestros hermanos los saludan. Todos los cristianos de aquí, en especial, los que trabajan en la casa del césar, quieren que los recuerden.
23 Reciban y experimenten la asombrosa gracia del Señor Jesucristo, en lo más profundo de su ser.
Filipenses 4:10-23 Biblia El Mensaje
Hay días en los que nuestra mente no coopera. Aunque todo alrededor esté más o menos en orden, por dentro sentimos ruido, tensión y pensamientos que no se callan. Es como si el corazón buscara un descanso que la cabeza no le quiere dar. Y nosotros luchamos: intentamos pensar bien, intentamos ser positivos, intentamos tener paz… pero la mente sigue inquieta, acelerada y golpeando desde adentro. Y aunque nadie lo vea, nos cuesta muchísimo.
Pablo escribió Filipenses 4 desde una cárcel, no desde una temporada fácil. No tenía libertad, no tenía control y no tenía garantías. Y aun así dijo: “He aprendido a contentarme en toda circunstancia”. Esa palabra, “aprendido”, es un alivio. Porque significa que el contentamiento no es un talento ni una capacidad innata. No nacemos sabiendo estar en paz. No siempre fluye. No siempre aparece. Se aprende. Y lo aprendemos como se aprende todo lo importante: con días buenos y días malos, con avances y retrocesos, con oraciones cortas, con silencios largos y con mucha gracia de parte de Dios.
Pablo descubrió algo que nosotros también necesitamos recordar: el contentamiento no aparece cuando cambia lo de afuera, sino cuando Jesús sostiene lo de adentro. Por eso escribe: “Puedo superarlo todo en Jesús que me hace sentir lo que soy”. En otras palabras: “No dependo de mi mente para tener paz; dependo de Jesús para caminar firme aun cuando nuestra mente hace ruido”. Él es nuestra estabilidad cuando los pensamientos se desordenan. Él es nuestra calma cuando la ansiedad sube. Él es la verdad cuando las emociones confunden. Él es quien nos recuerda quiénes somos, incluso en nuestros días más nublados.
Tal vez hoy la mente nos pesa, nos agota o nos juega en contra. Y está bien. No significa que no tengamos fe. Significa que estamos vivos, que estamos luchando, que necesitamos a Jesús un poco más cerca. Y eso está bien. Él no se aleja cuando nuestra mente se llena de ruido; se acerca para sostenernos. El contentamiento no es un estado perfecto; es un proceso que se aprende paso a paso y día a día, caminando de la mano del que nunca nos suelta.
Aplicación práctica - Cuando la mente se llena de ruido
Identifiquemos un pensamiento que hoy nos esté haciendo ruido.
Digamos en voz baja: “Jesús, esto es más fuerte que nosotros. Sostenenos vos.”
Agradezcamos por tres cosas concretas del día para bajar el volumen interno.
Oración
Señor Jesús, vos conocés los ruidos de nuestra mente y los cansancios de nuestro corazón. Sabés lo que nos cuesta pensar bien. Hoy te entregamos nuestros pensamientos y nuestra ansiedad. Enseñanos a caminar hacia el contentamiento de tu mano. Sostenenos desde adentro y regalanos tu paz. Amén.
El ruido interno se calma cuando Jesús sostiene lo profundo de nuestro corazón.

Sergio Daldi
CEO & Presidente
Grupo Nivel Uno / Casa Creacion





Justo lo que necesitaba escuchar. Gracias hermanos por dejaros usar para bendecirnos.
♡
¡¡Bendiciones por tan hermoso trabajo que hacen!! Quiero recibir la Biblia El Mensaje; vivo en Argentina, ¿cómo puedo conseguirla?
Muchas gracias.