Los lanzapiedras
- Sergio Daldi
- hace 4 horas
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Siempre habrá personas listas para señalar, acusar y condenar. Pero más cerca que los aahoravcamoa está Jesús: el Maestro que extiende gracia, levanta al caído y ofrece una nueva oportunidad.

1-2 Jesús se dirigió al monte de los Olivos, pero pronto estuvo de nuevo en el templo. Multitudes de personas acudieron a él, entonces él se sentó y les enseñó.
3-6 Los expertos religiosos y los fariseos llevaron a una mujer que había sido sorprendida en un acto de adulterio. La pusieron de pie a la vista de todos y le dijeron a Jesús:
—Maestro, a esta mujer la encontraron en el acto mismo de adulterio. Moisés, en la ley, manda apedrear a tales personas. ¿Tú qué dices?
Estaban tratando de tenderle una trampa para que dijera algo incriminatorio y así poder presentar cargos en su contra.
6-8 Jesús se inclinó y escribió con su dedo en la tierra. Como ellos seguían acercándose a él, acosándolo, él se enderezó y les dijo:
—El que esté libre de pecado entre ustedes, que lance la primera piedra.
Inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra.
9-10 Al escuchar eso, ellos se alejaron, uno detrás de otro, comenzando por el más anciano. La mujer quedó sola. Jesús se levantó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condena?
11 —Nadie, Maestro.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Sigue tu camino. De ahora en adelante, no peques más.
Juan 8:1-11 Biblia El Mensaje
La escena es fuerte. Una mujer humillada públicamente. Arrastrada frente a todos. Rodeada de hombres con piedras en las manos y con una sola intención: condenarla.
Pero lo más impactante no son las piedras. Es el corazón de quienes las sostenían.
La Biblia El Mensaje lo dice de una manera estremecedora:
“Los expertos religiosos y los fariseos llevaron a una mujer…”
Expertos religiosos. Personas que conocían la ley, hablaban de Dios y parecían espirituales… pero habían perdido la compasión, la misericordia y el amor.
Y si somos sinceros, muchas veces nosotros también podemos convertirnos en lanzapiedras.
Cada vez que disfrutamos hablar del error ajeno.Cada vez que clasificamos pecados como si algunos nos hicieran superiores.Cada vez que juzgamos sin misericordia.Cada vez que olvidamos la gracia que un día también nos rescató.
Es fácil convertirnos en expertos en señalar heridas ajenas mientras escondemos las nuestras.
Pero entonces aparece Jesús.
Mientras todos gritan, acusan y presionan, el Maestro hace algo inesperado: se inclina y comienza a escribir en la tierra.
Qué impresionante es Jesús. No entra en el juego de la condenación. No se deja arrastrar por la violencia religiosa. No pierde la paz.
Y luego pronuncia una de las frases más poderosas del Evangelio:
“El que esté libre de pecado entre ustedes, que lance la primera piedra”.
Las piedras comenzaron a caer. Uno por uno se fueron retirando. Desde el más viejo hasta el más joven. Porque cuando la luz de Jesús entra en escena, la hipocresía queda expuesta.
Y entonces ocurre el momento más hermoso de la historia.
Jesús se levanta y le pregunta:“Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condena?”
“Nadie, Maestro”.
“Yo tampoco. Sigue tu camino. De ahora en adelante, no peques más”.
Eso es gracia.
Jesús no llamó bueno al pecado, pero tampoco destruyó a la persona. La levantó. La restauró. Le dio una nueva oportunidad.
Y eso mismo sigue haciendo hoy con nosotros.
Sí, habrá lanzapiedras cerca tuyo. Personas que hablarán, acusarán y recordarán errores. Pero más cerca que los lanzapiedras está el Maestro.
Jesús todavía se acerca al herido. Todavía extiende misericordia. Todavía levanta al caído. Todavía ofrece un nuevo comienzo.
Aplicación práctica
Antes de señalar el error de alguien, recuerda cuánta gracia Dios ha tenido contigo.
Decide convertirte en una persona que ayuda a restaurar y no en alguien que destruye con palabras.
Cuando te sientas acusado, herido o señalado, corre hacia Jesús y no lejos de Él.
Suelta las piedras que llevas en el corazón: el resentimiento, la crítica, la superioridad espiritual y la condenación.
Oración
Señor Jesús, gracias porque cuando todos querían condenarme, Tú me ofreciste gracia y una nueva oportunidad. Perdóname por las veces en que me convertí en un lanzapiedras y olvidé la misericordia que recibí de Ti. Ayúdame a mirar a las personas con compasión, amor y humildad. Y cuando las voces de la acusación quieran rodearme, recuérdame que Tú estás más cerca que cualquier piedra. Refúgiame en Tu gracia y enséñame a vivir como alguien restaurado por Tu amor. Amén.

Sergio Daldi
CEO & Presidente
Grupo Nivel Uno / Casa Creacion





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