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El viento se quedó sin aliento

A veces la vida parece fuera de control… Todo se agita, todo se mueve, todo se complica. Pero hay una Verdad que permanece: Dios sigue al mando, aunque parezca dormido. Y cuando Él habla, el viento se queda sin aliento.

Jesús calma la tormenta mientras navega con sus discípulos en medio del mar

35-38 Más tarde, ese día, les dijo:

—Crucemos al otro lado.

Ellos lo llevaron en la barca tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban. Se levantó, entonces, una gran tormenta. Las olas inundaban la barca, amenazando con hundirla. ¡Y Jesús estaba en la popa, con la cabeza sobre una almohada, durmiendo! Ellos lo despertaron, diciendo:

—Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

39-40 Ya despierto, mandó callar al viento y le dijo al mar:

—¡Silencio! ¡Cálmate!

El viento se quedó sin aliento; el mar se tranquilizó. Y Jesús reprendió a los

discípulos:

—¿Por qué son tan cobardes? ¿No tienen nada de fe?

41 Ellos estaban muy asombrados, estupefactos, y se preguntaban:

—¿Quién es este que tiene el viento y el mar a su entera disposición?

—Marcos 4:35-41, Biblia El Mensaje


Hoy, vivir es como estar en una barca sacudida por tormentas sin fin.

Guerras que estallan sin sentido, peleas políticas que envenenan sociedades, avances tecnológicos que se nos escapan de las manos, precios que suben, trabajos que no alcanzan, relaciones que se enfrían.

     Y lo peor: todo parece moverse demasiado rápido... como si la vida ya no tuviera timón.

     Y ahí estamos nosotros: haciendo lo posible por no hundirnos. Luchando, corriendo, cargando responsabilidades que nos agotan. Con miedo a perder lo que amamos, a no lograr lo que soñamos, a no resistir lo que viene.

     Nos preguntamos:

     ¿Dónde está Dios? ¿No ve lo que está pasando? ¿Está dormido? ¿No le importa?

     Sí. Esa misma pregunta la hicieron los discípulos.

     Gritaban desde una barca empapada por las olas, creyendo que todo estaba perdido.

     Pero Jesús no se sobresaltó. No se desesperó. No entró en pánico. No buscó salvavidas. No se bajó de la barca.

     Él estaba allí. Siempre estuvo allí. Tranquilo. Presente. Con autoridad.

     Y cuando llegó el momento, se puso de pie, habló con poder... y el viento se quedó sin aliento.

     Así es nuestro Dios. No se ha ido. No está ausente. Nunca se duerme. Nunca abandona. Nunca llega tarde.

     Puede que no entendamos el proceso, pero podemos confiar en su Presencia. Él sigue en la barca.Y aunque las olas sigan golpeando, su paz es más fuerte que cualquier tormenta.


Aplicación:

Quizá hoy sentís que tu vida está desbordada.

Que todo se sacude a tu alrededor, y no podés más.

Pero hay una verdad que no cambia: Jesús está en tu barca.

Y aunque parezca que duerme, Él sigue al mando.

Él no se asusta. No se retrasa. No pierde el control.

Lo que vos necesitás no es que desaparezca la tormenta.

Lo que necesitás es recordar quién está con vos.

Cada día es una oportunidad para encender tu fe,levantar tu esperanza y elegir la valentía.

No porque seas fuerte,sino porque Él está contigo.

Y cuando sea el momento, Él va a hablar…y el viento se va a quedar sin aliento.


Oración:

Señor, cuando todo tiembla a mi alrededor, ayúdame a mirar hacia Vos. Quiero confiar, incluso cuando no entiendo. Despierta mi fe. Aumenta mi valor. Y si es tu voluntad, haz callar el viento que me asusta. Pero si no, quédate conmigo en la barca… porque si Vos estás, eso me basta. Amén.


Cuando parece que todo se desmorona, recordá esto:

Jesús calma la tormenta, no solo en el mar… también en tu alma.

Sergio Daldi

Sergio Daldi

CEO & Presidente 

Grupo Nivel Uno / Casa Creacion



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