top of page

El valor de creer

Cuando Dios habla, el corazón encuentra el valor para creer. No porque las circunstancias hayan cambiado, sino porque aprendemos a confiar en Aquel que nunca cambia.


El valor de creer representado por un hombre contemplando un amanecer desde la cima de una montaña con esperanza y confianza en Dios.
No pongas tus ojos en el tamaño del problema. Ponlos en la grandeza de Dios."

Hoy quiero compartir contigo una porción de la Biblia El Mensaje que me envió mi gran amigo David Pabón, gerente de CLC Colombia. Muchas veces leemos un pasaje de las Escrituras, recibimos su enseñanza y seguimos adelante. Pero, de vez en cuando, Dios usa un texto de una manera tan especial que queda grabado en nuestro corazón y nos acompaña por mucho tiempo. Eso fue exactamente lo que ocurrió conmigo al leer este pasaje de 1 Crónicas 17. Espero que, así como impactó mi vida, también fortalezca tu fe y tu confianza en el Señor.


"Por eso encontré el valor para orar de esta manera ante ti."

1 Crónicas 17:25 – Biblia El Mensaje


Hay momentos en los que Dios no responde nuestras oraciones de la manera que esperábamos. Eso fue exactamente lo que vivió David. Su mayor deseo era construir una casa para Dios, pero el Señor tenía un plan mucho más grande. En lugar de permitirle levantar un templo, Dios le hizo una promesa extraordinaria: sería Él quien edificaría una casa para David, una descendencia que permanecería para siempre. David descubrió que cuando Dios dice "no" a nuestros planes, muchas veces es porque está preparando algo infinitamente mejor.

Lo más admirable de esta historia no es la promesa que Dios le hizo, sino la reacción de David. No se quejó por aquello que no podría hacer. No discutió con Dios ni permitió que la decepción llenara su corazón. Entró en la presencia del Señor con una actitud de profunda adoración y comenzó recordando todo lo que Dios ya había hecho por él.

     David reconoció que había sido Dios quien lo había sacado de los campos donde cuidaba ovejas, quien había estado a su lado en cada batalla, quien había derrotado a sus enemigos y quien lo había llevado hasta el lugar donde estaba. Antes de pensar en lo que aún esperaba recibir, decidió contemplar la fidelidad que Dios ya había demostrado una y otra vez. Su mirada no estaba puesta en lo que le faltaba, sino en todo lo que el Señor ya había hecho por él.

     En medio de esa oración aparece una frase extraordinaria que revela el secreto de su confianza: "Por eso encontré el valor para orar de esta manera ante ti." David entendió que el valor no nace de las circunstancias favorables, sino de conocer el corazón de Dios. Cuanto más recordaba quién era Dios, más desaparecían sus temores. Su fe no descansaba en lo que veía, sino en la palabra que Dios le había dado.

     Nosotros solemos hacer exactamente lo contrario. Permitimos que un problema ocupe todo nuestro horizonte. Una enfermedad, una dificultad económica, una crisis familiar o una puerta que permanece cerrada terminan robándose nuestra paz. Sin darnos cuenta, ese pequeño porcentaje de nuestra realidad llega a ser más grande en nuestros pensamientos que el poder infinito de Dios.

     Sin embargo, cuando levantamos la mirada y recordamos quién es el Señor, las circunstancias vuelven a ocupar su verdadero lugar. Los problemas no siempre desaparecen de inmediato, pero dejan de gobernar nuestro corazón porque comprendemos que el Dios que sostiene el universo también sostiene nuestra vida. Cuando Dios ocupa el primer lugar en nuestros pensamientos, la fe vuelve a ocupar el primer lugar en nuestro corazón.

     Al finalizar su oración, David reconoce algo que llena de esperanza a todo creyente. Después de recordar todo lo que Dios había hecho por él, declara: "Por si no fuera suficiente, has bendecido a mi familia para que perdure en tu presencia para siempre… Ya que la has bendecido, Dios, es bendita en verdad; ¡bendita para siempre!"

     ¡Qué hermosa manera de terminar una oración! David no solo creyó en la bendición para el presente; creyó en un Dios cuyas promesas trascienden el tiempo y alcanzan las generaciones. Su confianza no estaba puesta en un momento pasajero, sino en la fidelidad eterna del Señor.

     Ese mismo Dios sigue siendo nuestro Dios hoy. Tal vez estés atravesando una prueba que todavía no entiendes. Quizá llevas tiempo esperando una respuesta o sientes que las circunstancias no cambian. Pero si Dios ha hablado a través de su Palabra, si Él ha prometido estar contigo y nunca abandonarte, entonces tú también puedes encontrar el valor para creer.

     No pongas tus ojos en el tamaño del problema. Ponlos en la grandeza de Dios. Cuando haces eso, las circunstancias no siempre cambian de inmediato, pero tu corazón sí. Y un corazón lleno de fe siempre encuentra el valor para seguir creyendo.


Aplicación práctica

  • Recuerda la fidelidad de Dios. Haz memoria de las veces que el Señor te sostuvo, abrió puertas o respondió tus oraciones. La fe se fortalece cuando recordamos lo que Él ya ha hecho.

  • Haz de la grandeza de Dios el centro de tus pensamientos. No permitas que un problema ocupe más espacio en tu mente que el Dios al que sirves. Lo que llena tu mente terminará gobernando tu corazón.

  • Ora apoyándote en las promesas de la Palabra. Como David, encuentra el valor para orar porque Dios ya ha hablado. Sus promesas son un fundamento firme cuando todo parece incierto.

  • Cree que la bendición de Dios alcanza también a tu familia. Confía en que el Señor no solo obra en tu presente, sino que sus propósitos pueden extenderse a las próximas generaciones.


Oración

Señor, hoy quiero encontrar el valor para acercarme a Ti como lo hizo David. Ayúdame a recordar tu fidelidad cada vez que las circunstancias quieran llenar mi corazón de temor. Enséñame a mirar tu grandeza antes que mis problemas y a descansar en las promesas de tu Palabra, sabiendo que Tú siempre cumples lo que has dicho. Gracias porque tus planes siempre son mejores que los míos y porque tu bendición alcanza mucho más de lo que puedo imaginar. Fortalece mi fe para creer aun cuando no vea la respuesta inmediata, bendice a mi familia y permite que cada día aprenda a confiar más en Ti. En el nombre de Jesús. Amén.

El valor de creer nace al recordar quién es Dios


Sergio Daldi, editor y autor del devocional Dios le dio lo que pidió, reflexión bíblica basada en 1 Crónicas 4:9–10 Biblia El Mensaje

Sergio Daldi

CEO & Presidente 

Grupo Nivel Uno / Casa Creacion




YA DISPONIBLE!

Hoy puedes llevarte EL MENSAJE. Pregunta en tu librería favorita.


Biblia El Mensaje
Biblia El Mensaje

David se rinde y ora

1 Crónicas 17 - Biblia El Mensaje

1 Cuando el rey se estableció en su hogar, le dijo al profeta Natán:

—Mira esto: Aquí estoy yo, cómodo en un palacio lujoso de cedro, y el arca del pacto de Dios descansa en una tienda de campaña.

2 Natán le respondió a David:

—Todo lo que esté en tu corazón, ve y hazlo; Dios está contigo.

3-6 No obstante, esa noche, la palabra de Dios vino a Natán y le dijo: «Ve y di a mi siervo David: Esta es la palabra de Dios respecto a este asunto: No me edificarás tú una “casa” para habitar. Yo nunca he habitado en una “casa” desde el momento en que saqué a los hijos de Israel de Egipto ni hasta ahora; he habitado en tiendas de campaña y refugios improvisados. En todos mis viajes con todo Israel, ¿ordené alguna vez a los líderes que mandé que pastorearan Israel: “¿Por qué no me han edificado una casa de cedro?”.

7-10 »De manera que esto es lo que dirás a mi siervo David: El Dios de los ejércitos angelicales tiene esta palabra para ti: Yo te saqué de los campos de pastoreo, cuando andabas tras las ovejas, y te hice príncipe de mi pueblo Israel. Estuve contigo en dondequiera que anduviste y derribé a tus enemigos delante de ti; y ahora, te haré famoso, para rivalizar con los grandes nombres de la tierra. Apartaré un lugar para mi pueblo Israel y los plantaré allí para que tengan su propio hogar y no sean zarandeados más; tampoco las naciones malvadas los oprimirán como siempre lo han hecho, incluso en los días cuando levanté jueces sobre mi pueblo Israel. Y, finalmente, venceré a todos tus enemigos.

10-14 »Ahora, yo te digo esto: ¡Dios mismo te edificará una casa a ti! Cuando tu vida se haya terminado y estés sepultado con tus ancestros, yo te levantaré un hijo que será tu sucesor, un hijo de tu propio cuerpo, y estableceré con firmeza su gobierno. Él edificará una casa para honrarme y yo garantizaré su reinado para siempre. Yo seré para él un padre y él me será un hijo. Jamás quitaré mi misericordia de él como lo hice con el que te precedió. Lo pondré sobre mi casa y sobre mi reino para siempre; su trono permanecerá para siempre, firme como la roca».

15 Natán dio a David un informe completo y detallado de todo lo que había escuchado y visto en la visión.

16-27 David entró y se presentó delante de Dios y oró:

«¿Quién soy yo, Señor mi Dios, y qué es mi familia para que me hayas traído hasta aquí? Y, sin embargo, esto no es nada en comparación con lo que viene, porque también has hablado de mi familia en el futuro lejano, me has dado un vistazo del mañana y me has considerado, Señor mi Dios, como alguien. ¿Qué le queda a David por decir ante esto, ya que has honrado a tu siervo, a pesar de que me conoces tal como soy? O, Dios, por la bondad de tu corazón has escogido a tu siervo para hacer esto tan grande y proclamar tu gran obra. No hay nadie como tú, Dios, no hay Dios sino tú, nada que se compare con lo que hemos oído con nuestros propios oídos. Y ¿quién es como tu pueblo, como Israel, nación única sobre la tierra, a quien Dios se ha propuesto redimir como pueblo propio (y volverlo famoso por ello) con actos grandes y terribles? Despachaste también a naciones y a sus dioses a diestra y a siniestra cuando salvaste a tu pueblo de Egipto. Tú te has hecho un pueblo para ti (¡a tu propio Israel!), tu pueblo para siempre. Y tú, Dios, llegaste a ser su Dios.

Ahora pues, gran Dios, esta palabra que me has hablado a mí y a mi familia, ¡garantízala para siempre! ¡Haz tal como prometiste! Entonces, tu reputación será confirmada y abundará para siempre, cuando la gente exclame: “El Dios de los ejércitos angelicales, el Dios sobre Israel, ¡es el Dios de Israel!”. Y la casa de David tu siervo perdurará firme como la roca bajo tu vigilante presencia. Tú, Dios mío, me has dicho claramente: “Te edificaré una casa”. Por eso encontré el valor para orar de esta manera ante ti. Dios, tú eres Dios y me has hablado todas estas palabras maravillosas. Por si no fuera suficiente, has bendecido a mi familia para que perdure en tu presencia para siempre. Ya que la has bendecido, Dios, es bendita en verdad; ¡bendita para siempre!».

©2025 por Biblia El Mensaje.

bottom of page