El verdadero prójimo
- Sergio Daldi
- 15 sept 2025
- 3 Min. de lectura
El verdadero prójimo no se define por palabras bonitas, sino por acciones de compasión. Descubre cómo Jesús nos enseña a vivirlo hoy.

30-32 Jesús respondió con una historia:
—Una vez había un hombre que viajaba de Jerusalén a Jericó. En el camino lo atacaron unos ladrones. Le sacaron la ropa, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. Por suerte pasaba un sacerdote por el mismo camino, pero cuando lo vio se fue por otro lado. Entonces apareció un hombre religioso de los levitas; él también evitó al hombre herido.
33-35 »Un samaritano que viajaba por el camino se acercó. Cuando vio la condición del hombre, se le conmovió el corazón. Le dio primeros auxilios, desinfectándole y vendándole las heridas. Después lo subió a su burro, lo llevó a una posada y le ofreció comodidades. Por la mañana sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño de la posada, diciéndole: “Cuídalo bien. Si te cuesta algo más, ponlo a mi cuenta. Yo te pagaré a mi regreso”.
36 »¿Qué crees? ¿Cuál de los tres se convirtió en prójimo del hombre que fue atacado por los ladrones?
37—El que lo trató con bondad —respondió el experto en la ley.
Jesús dijo:
—Ve y haz lo mismo.
—Lucas 11:37, Biblia El Mensaje
Jesús contó la historia del buen samaritano para mostrar que el amor verdadero no se queda en palabras, sino que se expresa en acciones concretas. El sacerdote y el levita tenían conocimientos y cargos religiosos, pero prefirieron mirar hacia otro lado. Fue un samaritano —alguien despreciado por la cultura judía— quien se detuvo, se conmovió y actuó.
El corazón del relato está en tres verbos: ver, sentir y hacer. El samaritano vio al herido, se le conmovió el corazón y no dudó en intervenir. Esa es la dinámica del amor cristiano: abrir los ojos, dejar que la compasión nos toque y traducirla en gestos concretos que alivien el dolor.
Muchas veces yo mismo me descubro encerrado en mis preocupaciones, apurado con mis cosas, y no me doy cuenta de que alguien a mi lado necesita ayuda. Me resulta más fácil seguir de largo, pero ahí es cuando el Señor me recuerda que amar como Él nos enseñó es detenerme, mirar y extender la mano.
Hoy también estamos rodeados de “heridos en el camino”: vecinos en soledad, amigos cansados, compañeros de trabajo bajo presión, familiares con heridas internas. Tal vez no podamos resolver todo, pero sí podemos detenernos, escuchar, acompañar, orar, y actuar en lo pequeño con amor.
Jesús concluye con un mandato claro: “Ve y haz lo mismo”. La fe no es solo creer en el corazón, es moverse con el corazón hacia el que sufre.
Aplicación práctica:
Detente a mirar: Pregúntale a Dios: “¿Quién es mi prójimo hoy?”.
Deja que tu corazón sienta: No ignores las necesidades emocionales y espirituales de los demás.
Haz algo concreto: Una visita, un mensaje, un abrazo, un acto de generosidad.
Imita a Jesús: Él mismo se hizo nuestro prójimo al cargar nuestras heridas en la cruz.
Oración:
Señor Jesús, abre mis ojos para ver a los que sufren cerca de mí. Haz que mi corazón se conmueva y que mis manos actúen con bondad. Ayúdame a ser un reflejo de tu amor en cada encuentro, y que mi fe no se quede en palabras, sino en acciones que transforman vidas. Amén.
“Este devocional puede ser tu tiempo y tu compasión: compártelo, y deja que Jesús lo multiplique en la vida de otros”.

Sergio Daldi
CEO & Presidente
Grupo Nivel Uno / Casa Creacion
En Chile ya puedes preordenar Biblia El Mensaje para ser el primero en recibirla:
Preordena en: PENIEL CHILE

En USA puedes preordenar Biblia El Mensaje en:





Gloria a Dios, me llegó oportunamente!!!